Monday, November 20, 2006

Recluta

Antes de entrar en el aula, me quedé un momento contemplando la noche lluviosa. LLuviosa y fría, la primera de auténtico frío del año. Mis alumnos, todos con el uniforme militar, me saludaban a medida que entraban en el aula, casi todos con una sonrisilla al observar el panorama que había fuera. Un grupo de muchachos, sin uniforme, con cara de estar en Marte, desorientados, intentaban familiarizarse con la vieja escuela. Recién llegados. Reclutas. Militares de empleo, les llaman allí. Me fijé especialmente en una chica tristísima. Tendría unos 18 años, y la cara de preguntarse por qué me estoy metiendo aquí. Estaba con sus padres, los dos padres más tristes que haya visto nunca. La chica se me acercó y me preguntó dónde estaba la cafetería. Yo le indiqué el camino. Tiempo tendría de aprender que allí se llamaba cantina. En dos días también le tendría que explicar que en inglés se dice "canteen". Se alejó de sus padres. En los ojos de la madre se asomó una lágrima. La decisión estaba tomada, esa noche la niña dormía en el cuartel.
Hora de entrar en clase. Sin embargo, un impulso me obligó a dirigirme hacia esos tristes señores y dedicarles unas palabras de consuelo. A mi manera, claro, diciendo algo que habré escuchado antes, en una película, quizás.
-No se preocupen. Aquí su hija se hará un hombre.

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