Tuesday, October 30, 2007

Consumo propio

Ayer se me cayó un dedo. Lo recogí con cuidado, lo limpié con un poco de agua, lo sequé, me hice un bocadillo y me lo comí. Usé pan bimbo. Ya sé que no he hecho bien. Ni por el pan, ni por el dedo. Sé que no debí haberlo hecho, estuvo mal, sobre todo porque no tenía ninguna necesidad. Ni siquiera tenía mucha hambre. El aburrimiento lleva a uno a hacer estas cosas a veces. De todas maneras, que conste que me comí el dedo después de habérseme caído, y no mientras todavía estaba pegado a la mano, como muchos quieren hacer creer. Con esas cosas no se bromea. Yo, al menos, no me dedico a poner carnicerías, ni subastaré mis pellejos al primer tratante. Odio a toda esa gente con tan poca personalidad, con cara de muerto, con esa sangre tan láctea, con tanta tristeza injustificada y vergonzosa, que hasta sus ojos parecen capturados, y rígidos, y hielo, y para qué hablar de sus palabras prescindibles y mamarrachas y sus dedos insípidos y huesudos.

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3 Comments:

Blogger Remedios de los Dolores said...

Comprendo docto, pero:
¿Qué tiene eso que ver con mi problema?
Es obvia la asociación de ideas, pero es ud. un profesional y no debería dejarse llevar por el susconsciente como un perrillo. Vamos, digo yo. Que no es que le juzgue, doctor. Nada más lejos de mi intención. Y bien sabe que le tengo plena confianza, que en sus manos he encomendando mi espíritu. Pero necesito que me atienda y que no se distraiga con sus ingestiones. Y no porque sean mis inquietudes importantes, que bien sabe ud. que no lo son, pero son las mías y me tienen mártir. Me laceran, me asaetean, me trastornan y me hacen, en definitiva, sentir mal.
Como le decía, doctor, el otro día me encontré con mi ex-novio. Ud. ya sabe que yo le llamo así para disimular. Recuerde nuestras claves, doctor, pues no puedo, por pudor, evitarlas.
Él siempre amenazó con darme un mordisco, motivo por el cual, como ya le conté aquél día en la sesión de oferta, decidí que me dejara.
Así, logré eludir sus dientes y con ellos se me fueron su saliva, su lengua, su garganta, su cuello, sus labios, sus ojos, sus orejas, su nariz, su pelo, y el resto de él que, todo hay que decirlo, estaba muy bien compuesto.
Contenta e íntegra estaba, hasta que me le cruzo un dia y sin poder controlarme le doy un mordisco. El me recahaza, me repudia, me insulta, me aparta, me estampa contra un árbol, se tapa la herida mientras yo, golosa, me relamo y rumio el botín.
Y dígame doctor ¿cree que padezco canibalismo?¿cree que me lo contagió aquél tipo al que ambos llamamos ex-novio?¿Tiene cura?

Wednesday, 31 October, 2007  
Blogger PepeDante said...

A eso me refería yo, al cura. No es que quiera desentenderme de su caso, pero estoy convencido de que lo que busca usted es un buen sacerdote que, una vez le haya usted propinado una dentellada de las suyas, sepa librarla a usted de sus tendencias, bien azotándola con una carnosa mano impregnada de agua bendita, o bien condenándola a usted a la hoguera, solución esta última que aunque parezca radical, no le quepa duda de que dejará a su alma con semejante purificación en su aliento que incluso tendrá usted la sensación de estar mordiendo infinitamente el universo. Como ve, mi tiempo se ha agotado, por favor, libere ya mi mano de sus fauces y diríjase a la sacristía más cercana. Para la próxima sesión medite acerca de la siguiente cuestión. Tras haberme comido mi propio dedo, ¿peso más, menos, o igual que antes?

Wednesday, 31 October, 2007  
Blogger Remedios de los Dolores said...

¡Ay! doctor, ya perdonará que irrumpa de nuevo así en su consulta, sin esperar nueva cita, pero es de suma urgencia. ¿Le importará a la señorita de debajo de su mesa que le robe un momento de su precioso tiempo? A no... claro, a mi no me molesta... que siga, que siga. Sólo le ruego que ponga cara de atención porque la que veo, un tanto congestionada, me impide concentrarme. Así, gracias.
Pues verá, yo siempre me he tenido por una anticlerical furibunda, pero ante su último consejo decidí obviar mis revoluciones sociales y dirigí mis pasos a suelo sagrado en busca de confesión. Cual no sería mi sorpresa al encontrar, en lugar de la iglesia de mi infancia, un centro comercial donde a la simonía la llaman "adaptación a los tiempos". Comprenderá que no puedo andarme con curas, ni con monjas, ni con demás hábitos: tengo el bolsillo algo mermado.
En cuanto a su duda de ud. con respecto a su peso, y aunque le veo yo que está en su justo punto de sazón, diréle, sin temor a escatologías, que tras numerosas variaciones en su masa corporal terminará ud., finalemente pesando un poco menos. Mi duda es si tras la evacuación intestinal podrá recuperar algo del dedo perdido.

Friday, 02 November, 2007  

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