discorro
luxuriarme
inclino o meu mesmo cara a estrada da salvación
(da salvación suposta) e supoño que o seu mesmo
xa non está onde está onde está (?)
a deusa da luxuria (xa) non vén non vén
luxuriarme
e eu discorro
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David, un niño marciano, me pone tras su pista. Yo me muestro en principio un poco reticente. Recuerdo las palabras de la tortuga gigante: "algunas te parecerán niñas marcianas, pero sólo son niñas disfrazadas, no te confundas". Tengo que investigar más a fondo. El asunto del disfraz me tiene un poco confundido, así que tengo que enfocar el asunto con más profundidad. Busco en los lugares en los que me recomendó la tortuga, en los ojos, la voz... Mis dudas comienzan a disiparse. La marcianidad comienza a ser evidente. El disfraz tan sólo es un disfraz, que confirma todo lo que con su obviedad trataba de ocultar. Finalmente, es su corazón quien la delata. Annie Lennox es la niña marciana que completa mi jugada, que resuelve mi búsqueda con éxito.
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Teniendo siempre muy en cuenta los consejos de la tortuga gigante, decidí seguir las pistas, y fue la niña marciana 3 la que me condujo con satisfacción hasta ella. PJ Harvey es la niña marciana de la guitarra y el asunto de sus piernas daría para mucho que investigar, aunque mucho me temo que sea un misterio insondable.
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No hubo ninguna duda esta vez, pues sólo una niña marciana está anatómicamente capacitada para cantar así. Björk es inimitable, una artista total que se sale de toda definición y que se inventa a sí misma en cada canción. En ésta derrocha locura, extravagancia, genio... qué sé yo, hasta "duende" incluso. Qué grande.
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Y entonces no sé si va a susurrarlo de nuevo, si va a gritarlo, si va a asfixiarse, a morirse o a echarse a llorar. Pero se calla, y lo dice todo con unos ojos llenos de sabia locura, creyéndese y haciéndome creer cada palabra de Elvis Costello como si fuesen el relato de su propia vida, de mi propia vida, quiero decir. Su congoja es ya mi congoja, y tan sólo me queda agradecérselo o reprochárselo, aunque quizás no lo entendiese, pues puede que eso sea lo normal para una niña marciana. Fiona Apple. Tómenselo con calma hasta el final.
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Viene el noveno disco de Tori Amos, una de mis niñas marcianas favoritas, capaz de ponerme los pelos de punta con un susurro, de hacerme estremecer con una mirada.
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